El Sentido de La Vida Se Encuentra Sintiéndola

publicado en: Neurología, Salud | 0

 Hoy, con una pregunta sencilla te invito a prestar atención, con tus sentidos, en tu experiencia, ahora.

¿Cuáles son los Sabores de lo que Vives y con qué los saboreas?

Otra forma de decir lo mismo: ¿Qué vive en ti, ahora, y cómo? Cuando preguntas de “tu vivir” ve más-acá, más adentro y corporal que tu “idea” de ti mismo o de tu idea de “la vida” en términos abstractos. Cuando te preguntas ¿cuáles son los sabores? no basta con responder “bien” o “mal” o “alegre” o “triste.” Ve al ¿Cómo? y al ¿en donde? y al ¿cuánto? y ¿con qué? de las sensaciones. Así empezamos a orientarnos desde las cualidades vivas de nuestra vida.

Mira a tu alrededor y adentro. ¿Cuánta gente conoces buscando el sentido de la vida o medicando el sentir que tienen con su vivir en este momento? ¿Porqué será? ¿Qué uso hacemos de nuestros sentidos vivos cuando buscamos “un sentido la vida”? ¿Podría ser que por falta de usar nuestros sentidos se nos escapa el sentido de nuestras vidas?

Son preguntas sobre las cuales podemos opinar sin parar. No es lo a que te estoy invitando. La vida se conoce saboreándola.

Cuando nos despertamos a la vida con nuestros sentidos poco a poco recobramos nuestra Inteligencia, Creatividad y Conectividad Natural. Volviendo a lo que muy terrenalmente vivimos en y como nosotros, descubrimos la naturaleza de nuestra participación en una aventura cósmica, bío-lógica (en la lógica de la vida) y perfectamente cotidiana: la vida, esta vida que tantas veces quisiéramos cambiar antes de realmente profundizar en su naturaleza, que es la nuestra.

El sólo leer estas palabras y aprobar o rechazarlas es sin valor. Tu inteligencia, tu salud, tu responsa-habilidad (habilidad de una respuesta propia) son los regalos de la vida que sólo puedes despertar … o no… y desde la sutileza y apertura de tu atención de la cual brotará tu acción.

Sigamos…

Al pasar tiempo con amigos de pueblos que aún se alimentan de manera ancestral y comprobada al transcurso de los milenios me hicieron descubrir que el arte de ser humano incluye el arte de saborear profundamente e incluir todos los sabores: dulce, agrio, amargo, picante, salado, tostado, hasta apestoso, como un queso francés bien maduro. La vida se alimenta de sabores para todos los sentidos, no sólo para el paladar.

Muchos de nosotros tenemos el mismo abarque con nuestra comida que con nuestra vida: nos guste o no nos guste, seguido la tragamos inconscientemente: automatizados. ¡¿Ya se acabó el festín?! ¿Claro, para qué iba a durar si ni siquiera tomaste el tiempo de saborearlo?

Elijemos adentrarnos en los tejidos vivos de nuestro sentir. Nos vamos al saboreo de nuestro vivir, atentos, despiertos, vivos.

Aquí estamos al acecho de nuestra experiencia ahora y tal cual, con la valentía de no cambiarla de inmediato si no de notar todas sus matices y naturalezas posibles. (Y no te estoy diciendo de dejar tu mano sobre el fuego ni de permanecer en una situación abusiva o peligrosa, bien entendido. Es tu vida, ¡cuídala!).

Todo nuestro vivido expresa nuestra realidad bío-lógica, en la lógica de nuestra Vida. El temple de nuestra vitalidad se refleja en todo lo que estamos viviendo ya desde nuestra realidad celular y hasta intra-celular. Como toda expresión de vida estamos dotados de todo un registro de sentidos que nos orientan en cuanto nuestra propia vitalidad.

Los “modernos” crecemos sin casi ninguna educación hacía el uso evolutivo de nuestros sentidos y de nuestra vitalidad. No es pura casualidad. Esto tiene una muy larga historia con las cuales iremos topando a medida que vayamos reanudando con nuestra naturaleza viva. ¿Qué es un moderno? Es una persona que por mucha que tenga la convicción que es “moderna” – y lo es – ni sabe el sentido de la palabra. Entonces aquí nos llevamos a una aventura más amplia.

Neurona
En el primer artículo de esta serie aprendimos de las investigaciones de la Dra. Elizabeth Gould , específicamente sobre la neuro-génesis – la capacidad de generar nuevas neuronas y nuevas conexiones neuronales a lo largo de nuestra vida. Estamos diseñados para capacidades literalmente geniales, por naturaleza.

También aprendimos de lo fácil que es frustrar y estresar nuestra naturaleza y nuestras capacidades de generar nuevas conexiones neuronales que están a la base del aprendizaje de alto nivel y de la realización eficaz. El cortisol, hormona de estrés, es tóxico para nuestro sistema nervioso.

Aquí no andamos en “intelectualismos” abstractos. Andamos con inteligencia; una capacidad vital y terrenal. Inteligencia viene del latín int- “entre”, legere – “leer, separar, elegir”, nt-que indica agencia, y ia- que indica “la cualidad de.” Es la cualidad de agencia, es decir, de activamente tener la capacidad de leer, distinguir y elegir entre nuestras opciones generativas (o no) de vida. “Leer” es algo que la mayoría de los “modernos alfabetizados” no aprendimos a hacer.

Sí, aprendemos a deletrear palabras y reproducir palabras ajenas. Pero el legere del latín es algo mucho más amplio y tiene sus orígenes en la palabra Indo-Europea legs. “Leer, dividir, distinguir, eligir” es un arte liberal – de un a persona libre, y libre porque se orienta entre la naturaleza de la vida y no sólo entre sus apariencias y sus impresiones disociadas. Es de alguien que lee las presencias y las huellas que deja la vida. Un libro, por ejemplo, es una huella, pero no salió de la nada ni hacía la nada.

El gran escritor ruso, Leo Tolstoy dijo “¡que tremenda arma para sembrar ignorancia que es la imprenta!” Ya se había dado cuenta que la “escolarización” estaba provocando un cambio radical en la inteligencia de la gente campesina rusa quienes trocaban su conocimiento milenario, comprobado y terrenal para los escritos de quienes, con títulos y escritos, pretendían a un conocimiento tejido de puras ideas y “superior” porque pasaron años desarrollando la capacidad de repetir ideas y conclusiones perfectamente ajenas a su propio vivido y en-tendimiento, de ir hasta el fondo de las cosas. Y a los que con atención y habilidad sembraban y cosechaban su sustento y bienestar directamente de la vida y pensaban en términos de vida se les sometía con armas, amenazas y, luego, escuelas para sus hijos.

Como seres humanos, no sólo dejamos huellas, somos huellas. Huellas tejidas de ritmos, tactos, tonos, sentires y no-sentires. Huellas ancestrales, incorporando y codificando la esencia y la distilación de millones de años de la vida de nuestro linaje. En nosotros viven posibilidades para atravesar otra generación. En nosotros despertarán o quedarán inactivas.

Entonces aquí vamos, leyendo vida, tocando, mirando, olfateando, saboreando sus huellas que eres tú, un “tú” muchisísimo más amplio y grande que el personaje socio-cultural que elaboraste para convivir en tu sociedad “moderna.”

Llevando esto a nuestro vivido concreto:

Este aprendizaje es de índole auto-antropológico. Prestamos atención a qué tipo de humano somos. ¿A qué nos hemos tenido que adaptar? Viramos la mirada, la escucha, el sentir, el sabor hacía nuestro propio vivido, como si uno se despertara un día con la pregunta, “¡Oye! ¡¿Cómo es que estoy viviendo mi vida?! porque me doy cuenta que estoy medio-automatizado y ahora estoy curioso y con ganas de por lo menos tomar conciencia del sabor de mi vivido.”

Vamos al encuentro de nuestra cotidianidad y el flujo de sentires que vivimos. Mira alrededor tuyo, escucha.

¿Alguna vez haz escuchado a alguien gritando a su hijo, su pareja o a alguien que pretende amar? Hay culturas en las cuales los padres, cuando están en su presencia de sus hijos, les gritan por promedio de cada 9 minutos. Si realmente prestamos atención al artículo de la Doctora Gould entenderemos cómo esos gritos se repetirán de generación en generación por su impacto profundo en el desarrollo de los que están sujetos a ellos.

Antes de evaluar esto como si fuera “bien” o “mal,” tengamos la valentía de simplemente ir a la naturaleza de lo que nos pasa y de lo que pasa al padre y a su hijo y que se pasa de un@ a otr@. Sabemos que cada vez que un padre o una madre grita, interfiere, o le diga “¡no!” a su hijo de manera agresiva provoca un aumento de cortisol que dura tres horas, según investigaciones hechas. Luego les gritan porque sus hijos parecen tener dificultades en aprender, o estudiar, o trabajar, o hacer lo que les dicen.

El cortisol es tóxico al crecimiento neuronal. Es tóxico a la inteligencia. Y la vida humana sin inteligencia es tóxica a lo demás de la vida, empezando con su propia vida.

Esucha cómo la gente habla con los que pretenden “amar”. ¿Cómo hablas tú? Te desafío con no poner lo que tú haces en el marco de bien o mal, porque de inmediato te vas a justificar. ¡Escúchate y los que te rodean! ¿Qué sientes?

Cuando te pido empezar a sentir el temple de tu vivir estoy hablando de algo muy práctico y real: una toma de conciencia.

Otra cosa que vimos con los estudios de la Doctora Gould es que la riqueza es, literalmente, un estado neuronal y biológico. Se reconoce, microscópicamente, como una riqueza conectiva en las neuronas. La riqueza vive y se vive. La riqueza es conexión, externa e interna también. La pobreza es desconexión, tanto externa como interna.

Estamos compartiendo un meta-aprendizaje, es decir, una aventura de descubrir, mirar y jugar con nuestra forma de crecer en esta riqueza viva que somos. Con nuestra creciente conciencia de lo que vive en nosotros nos volvemos cómplices de esta naturaleza creativa y viva que somos. Poco a poco vamos descubriendo que estamos diseñados, por naturaleza, para rebosar en vida a medida que conozcamos, respetemos y apoyemos la naturaleza de lo que vive en y como nosotros.

Rio Verde Planta del DesiertoNuestro propósito es Riqueza, la Riqueza que se Vive. Una Riqueza abundante, viva, diversa, bella como una selva o un desierto, en donde cada espacio es el hogar de una joya de vida rebosando en su naturaleza y orientándose entre las naturalezas que le corresponden (responden junto y con él) y le hacen rebosar en vida. Nos dedicamos, como individuos capaces y conectados a una comunidad de seres vivos, a realizarnos como seres humanos habitando este mundo, ahora. Ya no esperamos que los otros cambien. Eligimos concientizarnos desde nuestra capacidad y nuestra responsabilidad como vida en vida y para vida.

Lo que estamos haciendo es un poco como tomar un terreno baldío y sembrando árboles, arbustos, huertas, hogares para pájaros, jaguares, pumas, lobos, bisontes, manantiales, humus, lombrices, carpinchos, sapos, abejas y los demás compañeros de vida. Y lo estamos haciendo en nuestra propia naturaleza, enriqueciendo conexiones, capacidades y generosidades.

Y a la base de los muchos temas que vamos a explorar subyace una pregunta sencilla:

¿Te atreverías a ser amigo, es decir, de cuidar de lo que vive real y celularmente en ti y como tú y en los que pretendes amar?

Es una pregunta sencilla. La respuesta no es necesariamente “sí”. La respuesta real que estamos teniendo con la vida se ve reflejada en nuestra salud física, emocional, relacional y social, con la vida que somos y la vida que nos rodea. Y si tu respuesta es “no” te hará falta de valentía y apertura para reconocerlo e ir al encuentro sentido de cómo esa respuesta te habita, sin la violencia de pretender cambiarte antes de sentir e integrar la naturaleza de lo que vives y cómo vive en ti.

Entonces, con esta entrada te pregunto:

Si pretendo cuidar” de algo, ¿qué necesito saber de y hacer con lo que pretendo “cuidar” y “amar”, empezando con mi propia vida real?

Y para no extraviarnos en elucubraciones místicas y demasiado abstractas hagamos la misma pregunta con algo como una bicicleta o una huerta:

Si pretendo cuidar de una bicicleta o de una huerta, ¿qué necesito saber de y hacer con lo que pretendo cuidar y amar?

¿y de mi, como ser bío-lógico, o sea no sólo ligado a pero expresando una realidad viva, pulsante,terrestre y real?

¿qué necesito saber de y hacer conmigo?

Gracias por su atención y por permitirme compartir estas preguntas con la intención de rebosar en vida juntos, para que nuestras naturalezas colinden y empiecen a sembrar vida de un campo de vida a otra, tal como es el índole de la vida.

Amar es Cuidar y Respetar.

Respetar es Conocer

la Naturaleza

de lo y de los que pretendemos Amar.

¡Aquí hablamos VIDA!

Amada, Cuidada, Respetada

En Su Naturaleza

Que es la Nuestra.

Volvamos a la Vida: ¡Con Sentido!

Nuestro Boletín: Para Quien Se Atreve A Amar Vida
Con Atención y Acción.

Por medio de e-mails impactantes varias veces por mes, descubrirás claves claras, prácticas y capacitadoras para activar y disfrutar de las muchas facetas de TU Riqueza Vital. Esta invitación es para los que AMAN vida no sólo con emoción; ¡con atención y acción! ¡Bienvenido!

Recibirás un e-mail para confirmar tu suscripción a Riqueza Vital.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *