El Abasto Universal

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En 1984 conocí a mi amiga Carol, una mujer viajera de cinquenta años. Una mujer bella, fuerte, flaca, y llena de intensidad, de inteligencia práctica y real; mujer caminante, madre,artista de la vida. Fue ella quien me introdujo al “Abasto Universal.”

Un día la vi fuera del autobus que tenía de casa. Me sonrió. Con un gesto amplio y redondo estiró el brazo y la mano hacía el horizonte. Dio toda una vuelta a su alrededor para luego mirarme en los ojos nuevamente y me preguntó, “Oye querido, ¿sabes que es toooooodo esto?” Luego hizo un gesto como si me estuviera abriendo una puerta y me dijo, “¡Bienvenido Hermanito! ¡Quiero darte la bienvenida al Abasto Universal, proveedor de todo lo que podrías desear! Sólo hace falta DESEAR. Sólo hace falta darte cuenta que estás rodeado y en medio de todo lo que podrías desear. Todo lo que quieres siempre está aquí mismo, bien cerca, yendo y viniendo, siempre en movimiento y fácil de encontrar. Pero sólo si tienes la valentía de querer lo que quieres y de soltar lo que no quieres. Todo el dinero que quisieras. Todo el amor que quisieras. Todos los autos que quisieras. Todas las montañas que quisieras. Todas las cascadas que quisieras. ¿Quieres un camello? Seguramente que habrá uno bien cerca. ¿Quieres una pareja linda y encantadora? Puedo garantizarte que el Abasto Universal tiene una perfecta para ti. ¿Quieres sabiduría? Allí está. Todo lo que quieras está bien cerca, pero ¡tú tienes que moverte en el sentido de lo que realmente quieras y soltar lo que no te gusta! No puedes arrastrar lo que no te gusta hacía lo que sí. Tienes que soltarlo y dejarlo para que encuentre su camino y que sigas libre de encontrar el tuyo.”

Así fue como Carol me introdujo al concepto del Abasto Universal.

Foto: Erik Pzado www.jeguiando.com

¿Sabes cómo vivir de la manera que realmente NOS gustaría? Moviéndonos en el sentido de lo que realmente queremos y alejándonos de lo que no. No hace falta juzgar. No precisa condenar. No precisa justificar. Es sencillo, silencioso y maravilloso. Se puede hacer por milímetros o por zancadas.

Todo sale del Abasto Universal y todo regresa al Abasto Universal tal como todo queda en el Abasto Universal. Y todo lo que hay en el Abasto Universal es perfecto para alguien en el Abasto Universal. Pero no tiene necesariamente que ser para nosotros. El Abasto Universal está en todas partes. Es real y es universal, pero no basta creer en esto o tomarlo como algo místico. Hay que encontrar su naturaleza y encontraremos aspectos sorprendentes de la nuestra, también.

Vaya donde vaya, siempre estaremos en medio del Abasto Universal y rodeado do lo que realmente queremos. Lo único que precisamos para abastecernos del Abasto Universal es abastecernos de lo que realmente queremos. Cuando no queremos algo, alguien o algún lugar, hace falta la valentía de simplemente abrir la mano, soltar lo que no agradecemos y mover los pies. No nacimos para sufrir en la tierra. Nacimos para regocijarnos en vida, pero sólo si eligimos vivir lo que inspira nuestro regocijo.

Soltar y moverse no es acusar, reclamar o pelear. Es moverse hacía lo que amamos, un derecho fundamental a toda vida. Como todo supuesto «derecho», sólo “existe” a medida que lo ejerzamos. Viajar del no-deseado hacía lo deseado es también un viaje desde lo conocido hacía lo desconocido. Implica la valentía de moverse hacía algo que desconocemos, sin tenerlo todo predefinido.

Las únicas personas para las cuales el Abasto Universal pareciera no funcionar es para los que se quejan y que elijen frustración y defienden su frustración. Pero, aún así, el Abasto Universal funciona perfectamente para ellos también, brindándoles toda la frustración que quieran. Me ha sorprendido aprender cuantas personas defienden su frustración y de ver que el Abasto Universal les sirve también. Pero para el Abasto Universal frustración y alegría son sólo sabores distintos.

Pasé 25 años de mi vida como enfermero en cuidados intensivos, especializándome en trauma, neuro-trauma y enfermedades neurológicas, sirviendo gente viviendo cosas pesadas. Me dediqué a ayudarles de la mejor manera posible y ese ha sido mi aborde con una queja, por ejemplo. Me costó realizar que mucha gente se queja por gusto y no por estar en busca de algo distinto.

Me sorprendió ver que no sólo les gusta quejarse, organizan su vida para poder seguir quejándose . Van de un drama a otro y siembran el próximo drama en el descuido que le ponen a lo que hacen.

Caí en la tentación de sacar varias de estas personas de su frustración, como si frustrarse fuera “malo” y yo tenía una obligación de llevarles a una experiencia “buena.” Pensaba que ellos querían algo distinto y que les podía ayudar. Pero ellos querían ofrecerme lo que ellos realmente amaban. Y escuché a mucha gente afirmando y reclamando su “derecho a ser frustrado.” “Me gusta quejarme,” me decían.

Después de pasar mucho tiempo intentando sacarles de su frustración, un día reconocí que ellos disfrutaban de su frustración. La defendían. La reclamaban. Entonces aprendí a reconocer su generosidad al invitarme a compartir su frustración junto con reconocer que yo quería vivir otra cosa, que no me interesaba eso. Y tampoco me interesaba intentar cambiar a alguien que no quería cambiar.

¡Gracias, pero no gracias!

Me enseñaron el respeto. (del Latín: re- otra vez y specere-mirar, ver). Me enseñaron a prestar atención a lo que veía y lo que volvía a ver en su presencia. Ese es el sentido de respetar; es una relación con su propia inteligencia, con su libertad, su capacidad y su creatividad. Si estás viviendo algo, presta atención y vuelve a prestar atención no sólo a lo que estás viviendo, pero a lo que tú haces con respeto a lo que vives y al resultado de tus actos.

Aclaremos esto juntos:

Si nos gusta la felicidad y vivir bien, naturalmente vamos a querer ofrecer lo que nos gusta a los que amamos. Pero para quienes disfrutamos y organizamos nuestra vida para ser felices, para dar con nuestros propósitos y para saborear vida es muy probable que no vamos a ver que los que disfrutan de frustrarse también nos van a ofrecer lo que les gusta también: frustración.

Para quien organice su vida para dar con sus propósitos nos cuesta imaginar que a otros les gusta organizar su vida para frustrarse. Juzgamos a los que prefieren frustrarse. Pero la frustración es sólo un sabor de vida, tal como el chocolate y la vainilla son sabores de helados. A quien le guste el chocolate nadie nos convencerá que la vainilla sea más sabrosa, y vice-versa. Pero seríamos ridículos si, al ver que alguien prefiere helados con sabor a vainilla, intentáramos convencerles de preferir el chocolate.

Para mi, si hubiera leído que haya quienes prefieren frustración, no lo habría creído. Tuve que salir del contexto de enfermero y trabajar con gente de por el mundo para ver y oír, repetida e insistídamente, que los que se quejaban a toda hora también se enojaban con el propósito de que sus quejas tenían soluciones. “¡Qué hay de malo con quejarme! ¡A mi me gusta quejarme! ¡A mi me gusta como soy!” insistían. Esas son expresiones de personas que se hayan desarrollado y adaptado a la frustración. No son solamente “ellos,” en alguna medida casi todos hemos tenido que adaptarnos y conformarnos con circunstancias que nos dejaron fundamentalmente frustrados. Tenemos toda la vida siendo “premiados, reconocidos y compensados” en función de nuestra capacidad de aguantar, aceptar y hasta celebrar nuestra propia frustración.

Pensaba que con ayudarles y explicarles y darles una mano que podía hacer que dejaran de quejarse de la vida. Pero ELLOS no querían eso. YO quería eso. En fin, quería que otra persona viviera de la manera que a MI me gustara en vez de YO vivir de la manera que a MI me gusta.

La trampa llega cuando intentaba mudar la frustración ajena en la felicidad que a mi me pareciera más agradable. Esto es una falta de respeto, palabra que significa ver otra vez, del Latín re- (otra vez, atrás) e specere (mirar, ver). Respetamos cuando notamos algo una primera vez, luego la vemos una segunda vez y vemos la misma cosa. Eso es el respeto de la naturaleza de las cosas “aaa… es así…”

Hay gente sinceramente pidiendo ayuda. Con poca ayuda hacen mucho. Otras personas con mucha ayuda no hacen nada porque no se ayudan. Esta es una naturaleza también merecedora de su respeto, es decir, de prestar atención y volver a prestar atención otra vez.

¿Y para vivir de la manera que nos gusta? FÁCIL. Puedo empezar a vivir sin intentar “mejorar” gente que nunca me pidió eso. Puedo vivir sin reclamos, sin acusaciones, sin justificaciones y brindarme la libertad de elecciones propias sin intentar convencer a otros de hacer elecciones que no deseen. Si quiero helado sabor selva negra y no la tienen en la heladería del lado, me puedo contentar con comer y descubrir otros sabores o puedo ir a otra heladería que tenga el sabor que deseo. Son opciones. Simplemente opciones. Nuestra vida es una creación constante. No hay una formulita para seguir. Hay principios. En la heladería del lado yo sé qué sabores hay. En la heladería desconocida no sé. Pero si sé que en esta no hay lo que quiero existe la posibilidad que en la próxima haya, o no. Allí también tendré que ver si estoy con lo que deseo o no, si abro la mano, suelto y echo a andar, o si me quedo.

Mucha de nuestra programación cultural nos premia por quedarnos, por frustrarnos, por enorgullecernos de los añales y de las décadas que aguantamos algo o a alguien que nos provoca miseria, esperando un cambio que iba a “llegar” pero que nunca toman. El cambio es sencillo, pero hemos aprendido a ser mucho más complejos.

Es fácil juzgar que quien te pida ayuda e insiste en quedarse en su frustración está haciendo algo “mal” porque no hace nada para ayudarse, pero no es así. Es más difícil entender que su pedido para ayuda es su forma de invitarnos a compartir su vida y su frustración. Es todo. Es igual de generoso que la invitación del que ofrece ayuda. Cada uno ofrece de lo que tiene.

El principio del Abasto Universal es muy sencillo: acercarse a lo que nos vitaliza y soltar lo que nos cansa. Es algo muy natural. Sólo nosotros podemos encaminarnos en la libertad de viver lo que nos gusta.

Cuando Carol me explicó lo del Abasto Universal en 1984 pensaba que era algo medio fantasioso, filosófico, “interesante.” Luego iba a descubrir la gracia de vivir como me gusta y las trampas que hacían que viviera frustrado. No era fantasía. El precio de la vida que queremos tiene un precio que los presos a la vida que no quieren no están dispuestos a pagar: dejar lo desagradable pero conocido para algo desconocido y seguir en el sentido de lo que realmente queremos.

Por supuesto, mi pregunta y la más común es “pero, ¿cómo voy a saber cómo hacer eso?”

La verdad es curiosa:

Se sabe saboreando.

Porque en fin, el principio del Abasto Universal es eso: Vivir saboreando nuestra vida y creando la vida que nos gusta. ¿Te gusta la alegría? Mueve en su sentido y en el sentido de los a quienes les gusta alegría. ¿Te gusta la frustración? Muévete en el sentido de los frustrados y de los que la pasan frustrándose. Pero no te hagas la ilusión que te vayas a acercar a la alegría rodeándote de gente que se frustran insistídamente. Pero si te gusta la frustración puedes tener un montón de gente alegre alrededor tuyo, igual podrás frustrarte con que no entiendan el valor y la belleza de tu frustración.

Tal vez te ríes al leer este último. Yo sí. Pero no es sólo un chiste. Toma tu tiempo y observa la gente alrededor tuyo y ve la realidad a la cual apuntan estas palabras.

Lo que queda para muchos es que no sabemos lo que nos va a pasar al salir de nuestro marco y encaminarnos hacía lo que amamos. Te voy a confesar algo: yo tampoco sé porque es una aventura en el contacto con lo que no se predefine.

Lo que he descubierto es que mi imaginación es mucho más pequeña que todo lo que circula en el Abasto Universal. He tenido tantas experiencias de cosas literalmente inimaginables que ya ni siquiera quiero saber de antemano. Sigo moviéndome con lo que me gusta y eso me convierte en imán para lo que me gusta y los que me gustan.

Pero a veces me quedo frustrado, no te creas. A veces me quedo meses con personas y en situaciones con la esperanza de “cambiarlas.” Y a veces cambian. Poco. Y yo cambio también. Esto de Abasto Universal no es una formulita para nuestra vida; son principios de vida que vamos conociendo desde el contacto; con nuestro deseo, con nuestra voluntad, con la vida, lo conocido, los desconocido, lo deseado y lo no-deseado.

¿De quién necesitas el permiso para vivir la vida que amas?

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